Como entendemos la iglesia 

Nuestra Cultura de Iglesia

Creemos que la iglesia no es un edificio ni una institución humana, sino una comunidad de personas que han decidido seguir a Jesucristo y vivir bajo su señorío. Dios no nos llamó simplemente a asistir a reuniones, sino a formar parte de una familia espiritual, crecer como discípulos y participar juntos en su misión.Entendemos que la vida de la iglesia puede describirse mediante cuatro imágenes que reflejan aspectos esenciales de lo que estamos llamados a ser: una familia, un hospital, una escuela y un ejército.Cada una de estas imágenes expresa una dimensión importante de nuestra relación con Dios, de nuestra relación con los demás y de nuestra responsabilidad dentro del Reino

Una familia
Como familia espiritual, estamos llamados a amarnos unos a otros, estimando a los demás como superiores a nosotros mismos y sometiéndonos mutuamente en el temor de Cristo. Creemos que todos los creyentes tienen un lugar, una función y un propósito dentro del cuerpo de Cristo.
Afirmamos el ministerio de cada creyente. Entendemos que Dios sigue otorgando ministerios y dones para la edificación de la iglesia, y que cada persona ha sido diseñada de manera única para contribuir al crecimiento y fortalecimiento del cuerpo. Ningún miembro es más importante que otro. Cada uno es necesario y aporta algo que nadie más puede aportar de la misma manera.
Por ello rechazamos las comparaciones, las rivalidades y las clasificaciones humanas basadas en la importancia, el reconocimiento o la posición. Aunque existen diferentes niveles de responsabilidad y diferentes funciones dentro de la iglesia, estas no determinan el valor de una persona delante de Dios ni delante de los hermanos. Esto incluye también a los pastores y líderes, quienes sirven al cuerpo desde una responsabilidad particular, pero con el mismo valor y dependencia del Señor que cualquier otro creyente. Creemos en la transparencia, en llamar las cosas por su nombre y enfrentarlas de cara.

Una Farmacia
También entendemos la iglesia como una farmacia espiritual. Somos personas que hemos recibido gracia, misericordia y perdón de parte de Dios, y por eso estamos llamados a extender esa misma gracia a los demás.
Nadie entre nosotros es mejor que otro. Todos hemos necesitado la misericordia de Dios y todos seguimos dependiendo de ella cada día. Por esta razón buscamos crear un ambiente donde la restauración sea diaria, donde las personas puedan reconocer sus luchas, recibir ayuda y encontrar acompañamiento para crecer en Cristo.
Damos especial importancia a la transparencia, la honestidad y la claridad en nuestras relaciones. Creemos que Dios nos ha llamado a caminar en la luz, llamando a las cosas por su nombre y afrontando los asuntos de manera directa y amorosa.
Por ello rechazamos los chismes, las murmuraciones y las conversaciones a espaldas de los demás. Cuando existe un conflicto, una ofensa, una preocupación o un pecado, seguimos el principio bíblico de hablar directamente con las personas implicadas, buscando siempre la reconciliación, la verdad y la restauración.

Una escuela
La iglesia también es un lugar de aprendizaje y crecimiento. Somos discípulos de Jesucristo, llamados a conocerle cada vez más y a ser transformados a su imagen.
Creemos que cada creyente es responsable de su propia vida espiritual, de sus decisiones y de su crecimiento en Cristo. La iglesia, los ministerios y los líderes existen para acompañar, enseñar, sostener, proteger, corregir, animar y servir, pero no pueden sustituir la responsabilidad personal de cada discípulo delante de Dios.
Así como la salvación es una decisión individual, también lo son las decisiones que nos llevan a crecer, madurar y avanzar en nuestro llamado, o por otra parte a estancarnos. Cada creyente debe asumir activamente su proceso de formación, buscando al Señor, obedeciendo su Palabra y desarrollando los dones y capacidades que ha recibido.

Un ejército
Entendemos también la iglesia como un ejército espiritual. Dios nos ha dado una misión y una visión, y estamos llamados a avanzar juntos hacia ella con unidad, compromiso y perseverancia.
Creemos que cada persona tiene un lugar dentro de lo que Dios está haciendo en esta iglesia. Desde los más jóvenes hasta los más mayores, todos son importantes y todos pueden participar de alguna manera en la obra del Señor. No existen espectadores en el Reino de Dios; todos somos llamados a formar parte de la misión.
Por ello animamos a cada miembro a involucrarse activamente, poniendo sus dones, talentos, tiempo y recursos al servicio de aquello que Dios nos ha encomendado como iglesia local. Avanzamos juntos, no como individuos aislados, sino como un cuerpo unido que trabaja en una misma dirección bajo el señorío de Cristo.

Conclusión
Con la ayuda de Dios, construimos una iglesia que refleje estas cuatro realidades: una familia donde somos amados y valorados; un hospital donde encontramos gracia, restauración y luz, verdad; una escuela donde crecemos y asumimos la responsabilidad de nuestro desarrollo espiritual; y un ejército que avanza unido en la misión que Dios le ha confiado.
En todo ello buscamos mantener relaciones sanas, maduras y transparentes, reconociendo que Cristo es la cabeza de la iglesia, que todos los creyentes son necesarios y que cada uno es responsable de responder fielmente al llamado que ha recibido de Dios.